Por qué me encanta Marian Keyes

Me acuerdo de mi primera novela de Marian Keyes: Rachel’s Holiday. Me acuerdo de dónde la compré: una librería más o menos chica en Pinamar o Cariló (mi memoria geográfica es mala), durante un día de verano un tanto lluvioso, si no me equivoco. Me acuerdo de que vi la tapa y el título, pensé que sonaba a una lectura divertida de verano (¡dice Holiday Vacaciones en el título, aunque la traducción sea Rachel se va de viaje!) y vi que era bastante largo. 

No me acuerdo de muchas cosas, pero aunque esto haya sido hace más de quince años, está grabado en mi mente. 

Si leíste algo de Marian Keyes, sabés que “lectura light de verano” no es exactamente lo suyo, y era exactamente lo que necesitaba. Algo que desafiara mi entendimiento de las novelas con personajes principales femeninos, que pudieran ser sobre algo más profundo y serio, algo más real, a la vez que me siguiera haciendo reír. 

Entonces, Marian me sorprendió con Rachel y su familia, con representaciones de desafíos y fracasos y amor y pérdidas y esperanza. 

Cuando volví de nuestras vacaciones, fui directo a Kel (libros en inglés en Buenos Aires) y compré WatermelonLucy Sullivan Is Getting Married… y el resto es historia. 

Ahora compro los libros de Marian sin leer siquiera la descripción porque sé que, sin importar de qué se trate la historia, me va a consumir (para bien). 

Cada libro de Marian presenta distintos personajes que enfrentan distintos problemas o situaciones, e incluso cuando se trata de lo mismo (por ej., alcoholismo), la individualidad de cada personaje y de su ambiente hace que sean todas experiencias única, como en la vida real. 

En las novelas en las que hay varios puntos de vista, como This Charming Man, hay voces y personalidades distintivas que se desarrollan y crecen (algunas más que otras, y tiene sentido) y nunca se siente como demasiado. 

Las interacciones de la familia Walsh se leen de manera realista a través de las seis novelas (y el e-book) y a medida que pasa el tiempo y los personajes crecen y cambian, en su esencia, siguen siendo honestos consigo mismos. Esto fue especialmente claro en Again, Rachel, y cuando lo terminé quise releer todas las novelas de las hermanas Walsh. 

Los personajes de Marian son tan reales como pueden serlo personajes ficticios y mientras hay un confort de un final feliz —algo que puede significar distintas cosas en distintas historias— es todo lo que hay en las páginas lo que me hizo una fan. 

También aprecio la honestidad de Marian cuando escribe o habla de sus luchas y me encanta leer sus entrevistas y todo lo que tenga para decir o escribir. 

Y de vez en cuando pienso en las reacciones de Mammy Walsh cuando está con Luke y me río.

Moira Daly

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